La personalidad la podríamos definir como un conjunto relativamente estable de rasgos que explican la coherencia de una persona en relación a su conducta emocional, cognitiva y motora en diferentes situaciones y a lo largo del tiempo (McAdams & Olson, 2010). Se configura a raíz de la interacción continua entre las características determinadas biológicamente y las experiencias vividas, sobretodo las vividas en el contexto social más cercano a la persona. Por tanto, el apego juega un papel importante en esta interacción y en la posible vulnerabilidad hacia la disfunción o hacia el desarrollo de un self integrado y funcional (Levy et al., 2015). Existe una gran cantidad de literatura referida a la relación entre apego y trastornos de la personalidad, sin embargo no es tan amplia en cuanto a la relación con los rasgos de personalidad en población no clínica. Para estudiar esta relación se ha llevado a cabo desde diferentes modelos teóricos de la personalidad, siendo el Modelo de los cinco factores de personalidad el más utilizado para explicar las 10 diferencias individuales (Digman, 1990). En este modelo los cinco factores básicos de la personalidad son: Neuroticismo, Amabilidad, Extroversión, Responsabilidad y Apertura a la experiencia. Este modelo asume que la personalidad tiene una estructura jerárquica con dimensiones y subdimensiones de personalidad, y en base a ello se fueron creando instrumentos para su evaluación, cómo el Cuestionario “Big Five” en España (adaptado al castellano por Bermúdez, 1995) que se utilizará para llevar a cabo esta investigación. En la literatura, siguiendo este modelo de los cinco factores para evaluar la personalidad, los resultados de algunos estudios longitudinales y transversales sugieren que el apego inseguro se relaciona positivamente con neuroticismo (o inestabilidad emocional) y negativamente con extraversión, y el apego seguro positivamente con la extraversión y la afabilidad, y negativamente con el neuroticismo (Both y Best, 2017; Saburova, 2018). Sin embargo, hay otros estudios que también han obtenido relaciones significativas con otras dimensiones de personalidad como amabilidad, apertura a la experiencia y responsabilidad, donde el apego seguro se relaciona positivamente y el apego inseguro negativamente (Marrero-Quevedo, Blanco-Hernández y Hernández-Cabrera, 2019; Young et al., 2019). Es de especial interés un estudio realizado por Both y Best (2017), en el cual se analizó la relación entre los diferentes estilos de apego inseguro propuestos por Bartholomew y Horowitz en 1991 (evitativo-rechazante, evitativo-temeroso y preocupado) y las dimensiones de personalidad desde el modelo de los cinco factores. Se obtuvo una muestra de 273 estudiantes universitarios canadienses y se hallaron diferencias significativas entre los diferentes estilos de apego: el apego seguro se asoció con menor neuroticismo y mayor extraversión, el apego preocupado con mayor neuroticismo y menor amabilidad, el apego evitativo-temeroso con mayor neuroticismo y menor extraversión y amabilidad, y el apego evitativorechazante solamente con menor confianza (una de las facetas pertenecientes al factor amabilidad). Como se observa no todos los estudios realizados obtienen los mismos resultados en relación a algunos rasgos, por lo se necesita mayor investigación sobre este tema para entender mejor cuál es la relación entre los estilos de apego y la personalidad. Es importante señalar que el factor Neuroticismo (o inestabilidad emocional) es el que mayores resultados significativos a reportado, encontrándose asociado con trastornos de ansiedad, del estado de 11 ánimo y uso de sustancias, y probablemente es esta asociación lo que lo relaciona a su vez a una alta comorbilidad con el Trastornos Límite de la Personalidad (TLP) (Omelt et al., 2013); del mismo modo es un factor que correlaciona con la angustia y los comportamientos suicidas, los cuales son síntomas que se observan frecuentemente en el TLP (Omelt et al., 2013).

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